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En Oriente Medio, la guerra se extiende y hace planear el espectro de un accidente nuclear

19 Marzo 2026 Paz y seguridad

Además de los bombardeos, los desplazamientos, la carestía de artículos de primera necesidad, las rutas cortadas, los puertos amenazados, los hospitales desbordados, ahora otra preocupación se instala en Oriente Medio: la de un accidente nuclear, cuyas consecuencias superarían con creces las cambiantes líneas del frente de esta guerra regional.

El atardecer detrás de un espeso humo industrial que se eleva sobre el horizonte de la ciudad de Teherán, en Irán.
Teherán, Irán.

A punto de cumplirse tres semanas de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra infraestructuras militares y nucleares iraníes, seguida de ataques en respuesta de Teherán en el Golfo y más allá, el conflicto no cesa de extenderse. Del Líbano a Gaza, pasando por el estrecho de Ormuz, los efectos se acumulan: desplazamientos masivos, colapso de los servicios esenciales, escalada de los precios del petróleo,  y ahora, una inquietud de otra naturaleza.

«El peor escenario es un incidente nuclear, y es lo que más nos preocupa», advirtió Hanan Balkhy, directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el Mediterráneo Oriental, en una entrevista con el medio estadounidense Político. «Por mucho que nos preparemos, nada puede impedir los daños que se producirán […] en la región – y a escala mundial si esto ocurriera – y las consecuencias durarán décadas».

La OMS se prepara, dijo, para un incidente «en el sentido más amplio», ya sea un ataque contra una instalación nuclear o el uso de un arma. «Lo estamos considerando, y realmente esperamos que no ocurra».

Una guerra que se desborda por todas partes

En Irán, los ataques aéreos ya han causado más de 1200 muertos y miles de heridos, según las autoridades sanitarias locales, mientras millones de personas han huido de las zonas afectadas. Los bombardeos han alcanzado al menos veinte provincias, impactando viviendas, escuelas, refinerías e infraestructuras vitales.

Los daños a las instalaciones de agua, la escasez de artículos de primera necesidad y los riesgos ambientales, como humos tóxicos y contaminación potencial, preocupan a las autoridades sanitarias. En algunas regiones, el suministro de agua depende ahora de entregas de emergencia.

En el Líbano, donde Hezbolá, un grupo armado proiraní, se enfrenta a Israel, más de una de cada cinco personas ha huido de los bombardeos israelíes. Se hacinan en escuelas, edificios públicos o casas de familiares, e incluso abandonan el país hacia la vecina Siria. Las mujeres representan el 20% de las víctimas, y miles de ellas están embarazadas, a menudo privadas de acceso a la atención sanitaria.

En estos refugios improvisados, los riesgos se acumulan: violencia sexual, ausencia de cuidados obstétricos, infecciones relacionadas con las condiciones sanitarias. «Las mujeres y las niñas son las más afectadas en cualquier crisis, y esta no es una excepción», subrayó el jueves la representante en el Líbano de la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva (UNFPA).

«Es hora de poner fin a esta guerra que corre el riesgo de volverse totalmente incontrolable, provocando un inmenso sufrimiento a los civiles y una propagación en la economía mundial realmente dramática, con consecuencias potencialmente trágicas, especialmente para los países menos adelantados», advirtió el jueves el Secretario General de la ONU, António Guterres, desde Bruselas.

Dirigiéndose, primero a Estados Unidos e Israel,pidió que cesen los ataques.Después, solicitó a Teheránsolicitó que «deje de atacar a [sus] vecinos”, que según Guterres nunca han sido partes en el conflicto. 

«Es hora de que la fuerza del derecho prevalezca sobre el derecho de la fuerza. Es hora de que la diplomacia se imponga a la guerra», agregó.

La guerra contra los sistemas de salud

A medida que el conflicto se extiende, los hospitales se convierten ellos mismos en blancos o daños colaterales. La OMS ha registrado decenas de ataques contra estructuras sanitarias en Irán y el Líbano desde el inicio de las hostilidades.

«Trágicos e inaceptables», denunció Hanan Balkhy a Politico, recordando que los trabajadores sanitarios deben ser protegidos «en todas las circunstancias» por el derecho internacional. En Irán, al menos 241 establecimientos de salud han sido dañados, mientras que varios hospitales han tenido que ser evacuados.

Esta presión se extiende al conjunto de la región. En Gaza, las restricciones al suministro de ayuda agravan una crisis sanitaria ya extrema, con escaseces críticas de medicamentos. En el Líbano, un sistema sanitario ya debilitado antes de la guerra lucha por absorber la afluencia de heridos y desplazados.

«Hablamos de acceso a alimentos de calidad, a agua limpia, de la interrupción de la atención médica,ya sean las vacunaciones infantiles, los tratamientos, los pacientes en diálisis o con cáncer.Esto tendrá un coste enorme para la población libanesa», advirtió Balkhy.

El estrecho de Ormuz, nervio mundial de la guerra

Más allá de las zonas de combate, la guerra redibuja la economía mundial. El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una cuarta parte del petróleo transportado por vía marítima, se ha convertido en un importante punto de tensión. Los ataques a buques por parte del ejército iraní, pero también los ataques israelo-estadounidenses contra instalaciones gasísticas iraníes han provocado un alza brusca de los precios del combustible.

El precio del crudo superó los 118 dólares el barril el jueves por la mañana, un alza de casi el 10%, pero desde entonces ha disminuido. El valor había cerrado el miércoles a más de 107 dólares el barril, elevando su progresión a cerca del 50% desde el inicio de la guerra.

En Asia, ya se propaga la onda expansiva. El aumento de los precios del petróleo encarece el transporte, la electricidad y los alimentos en países dependientes de las importaciones como Pakistán o Bangladesh. Los precios de los fertilizantes y del trigo,parte del cual transita por el Golfo, aumentan, alimentando los temores por la seguridad alimentaria.

«Existen señales de perturbación de las rutas marítimas», observa Rupa Chanda, directora de la división de comercio de la Comisión Económica y Social de la ONU para Asia y el Pacífico (ESCAP). «Grandes compañías navieras han suspendido sus servicios hacia Oriente Medio, provocando contenedores bloqueados y una congestión creciente en los puertos».

Estas perturbaciones superan ya el sector energético. «El conflicto comienza a provocar una escasez de insumos esenciales para la producción en la región de Asia-Pacífico», prosigue, evocando una crisis casi inmediata en los semiconductores y la electrónica avanzada, vinculada en particular a la suspensión de las exportaciones de gases especializados desde el Golfo. «La combinación de los cuellos de botella logísticos, la escasez de componentes y el agotamiento de las existencias podría provocar una contracción de la producción manufacturera regional si el conflicto se prolonga».

Incluso los países sin litoral, como Afganistán, sufren los efectos secundarios de los cortes en las  cadenas de suministro. Ya debilitada, la región se ve empujada «de una crisis a otra», según el Alto Comisionado para los Refugiados, mientras miles de afganos desplazados regresan a un país incapaz de acogerlos.

Una guerra sin frontera

 Másde 125.000 personas ya han cruzado la frontera del Líbano hacia Siria. En Irán, entre 600.000 y un millón de hogares habrían sido desplazados en pocas semanas.

Estos flujos se suman a crisis anteriores: refugiados afganos en Irán, desplazados sirios en el Líbano, poblaciones bajo bloqueo en Gaza. La guerra actual actúa como un multiplicador de problemas.

En este paisaje fragmentado, las agencias humanitarias intentan seguir, reparar, anticipar – sabiendo al mismo tiempo que ciertas consecuenciasescapan a toda respuesta.

A estas últimas, se añade ahora el riesgo de un accidente nuclear.

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