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Los aliados de EE.UU. evitan secundar los planes militares de Trump para reabrir el estrecho de Ormuz

16 de marzo del 2026.- El bloqueo del estrecho de Ormuz trasciende al ámbito regional, como han podido acreditar en los últimos días las empresas y ciudadanos que han repostado combustible. Irán lo sabe y ha utilizado este angosto paso como herramienta de presión tras la escalada bélica iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, lo que ha derivado a su vez en un debate sobre la posible implicación internacional para liberar la zona y garantizar la libertad de navegación.

El Gobierno de Estados Unidos ha deslizado la hipótesis de una misión internacional que, por ahora, se limita a la simple retórica, a golpe de amenazas como suele ser habitual en la hoja de ruta de Donald Trump. El mandatario norteamericano ve «apropiado» que quienes también «se benefician del estrecho» ayuden a garantizar «que no sucede nada malo allí», como ha asegurado en una entrevista al Financial Times en las que ha mirado tanto a Europa como a Asia.

Trump, que el sábado apeló de manera directa a «China, Francia, Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y otros», ha vuelto a poner en la diana a la OTAN, ya que considera que se enfrenta a «un futuro muy malo» si no brinda ayuda y, en declaraciones desde la Casa Blanca, ha sugerido este lunes que tomará nota de qué gobiernos acuden a su llamada, al mismo tiempo en que defiende que Estados Unidos «no necesita a nadie».

El mandatario norteamericano ha insistido en que es momento de que otros países «ayuden», algo que considera que deberían estar haciendo «con alegría», como una especie de contraprestación por el amparo que habrían recibido durante años del lado de Estados Unidos y teniendo en cuenta, ha dicho, que sus economías son más «dependientes» de los suministros enviados a través de esta estratégica ruta.

«Algunos están muy entusiasmados, otros no tanto. Algunos de ellos son países a los que hemos ayudado durante muchos, muchos años», ha añadido Trump, que ha dado por hecho que varios países están ya de su lado, aunque no ha dado nombres y ha avanzado que será el secretario de Estado, Marco Rubio, quien lo haga «pronto». Sin dar nada por cerrado, el presidente estadounidense ve a Francia proclive a brindar ayuda, al tiempo que ha vuelto a mostrarse decepcionado con la respuesta de Reino Unido a la ofensiva sobre Irán.
Estados Unidos presume de haber hecho su parte, de haber «destruido» el grueso de la Armada iraní o la isla de Jark, clave en el entramado petrolero iraní, como han reivindicado tanto Trump como su secretario de Defensa, Pete Hegseth, y apela a una implicación externa que se antoja lejana, entre otras razones porque implicaría meterse de lleno en un conflicto de futuro incierto.

El régimen iraní, de hecho, ha amenazado con convertir en objetivo a cualquiera que intervenga en favor de intereses estadounidenses e israelíes, como ha demostrado en estas últimas semanas con bombardeos sobre países de la región. El nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, incluyó un alegato en favor del bloqueo en su primer discurso a la nación.

Macron, de proponer una misión a decir que no es el momento
En el ámbito europeo, el líder que más se ha acercado a la idea de un contingente naval de apoyo es el francés Emmanuel Macron. El presidente de Francia aprovechó la semana pasada una visita a Chipre y al portaviones Charles de Gaulle para deslizar la posibilidad de «una misión puramente defensiva con Estados europeos y no europeos», pero con el paso de los días su mensaje se ha desdibujado y, tras reconocer que ahora «no se dan las condiciones» para una implicación de tal calibre, ha vuelto a la ambigüedad.

«La libertad de navegación en el estrecho de Ormuz debe restablecerse lo más rápidamente posible», ha publicado Macron en redes sociales tras hablar el domingo con su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian.

El recelo también se deja notar en las posiciones de los gobiernos de Reino Unido y de Alemania, pese a que estos dos países sí han dado ciertas muestras de apoyo a la Operación Furia Épica lanzada por Trump. El primer ministro británico, Keir Starmer, ha admitido que Ormuz es «vital» a escala global, pero reabrirlo, ha apostillado, «no es una tarea simple. Por este motivo, ha llamado a implicar «al mayor número posible de socios» para diseñar un plan «viable» y «colectivo», en una rueda de prensa en la que ha negado que la histórica «relación especial» entre Washington y Londres se haya resentido.

El ministro de Defensa de Alemania, Boris Pistorius, ha rechazado la idea de una misión y de una manera muy gráfica: «¿Qué espera Donald Trump que hagan un puñado o dos de fragatas europeas que no pueda hacer la poderosa Marina de Estados Unidos?». «Esta no es nuestra guerra», ha sentenciado en declaraciones a los medios recogidas por Reuters.

Por su parte, el ministro de Exteriores de Italia, Antonio Tajani, ha coincidido con Turmp en que la libertad de navegación interesa «a todo el mundo, incluida China», y aunque ve necesario «un esfuerzo diplomático adicional» al respecto, no contempla adaptar las misiones ya activadas como Aspides o Atalanta, porque «tienen carácter defensivo».

Del lado español, distintos ministros han dejado claro que no habrá ningún despliegue relacionado con la «guerra ilegal», como ha vuelto a definirla este mismo lunes la responsable de Defensa, Margarita Robles. Si España no respalda el conflicto, ha añadido, no puede tampoco implicarse en temas «sucedáneos».

«La solución puramente militar nunca trae democracia, ni estabilidad ni prosperidad económica. Esa es la posición que tiene que tener la Unión Europea. Desde luego, esa es la posición de la política exterior de España», ha indicado el titular de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a su llegada a la reunión del Consejo del ramo en Bruselas.

La OTAN se pone de perfil
Trump apela de manera directa a la OTAN, pero no parece que pueda haber una respuesta conjunta como bloque, al menos por el momento. «Los aliados ya han proporcionado recursos adicionales en el Mediterráneo», explica un alto cargo de la OTAN a RTVE Noticias, en alusión a un despliegue de tipo naval y aéreo que sí ha movilizado a países reacios al conflicto como pueden ser Espñaa, que ha enviado a la zona a la fragata Cristóbal Colón.

La Alianza sí tiene constancia de los pasos que están dando los Estados miembros que, a título «individual», tantean con Washington y otras capitales «qué más se puede hacer, también en el contexto de la seguridad del estrecho de Ormuz».

Por su parte, la Alta Representante de Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, ha confirmado que el conflicto encabeza los debates en el seno de los Veintisiete, que ya mantienen en la zona la operación EUNavfor Aspides, diseñada para proteger a buques mercantes en el mar Rojo y el golfo Pérsico. Kallas no descarta introducir algún matiz, «modificar ligeramente» este despliegue, al albor de la actual situación, ni tampoco que pueda haber «una coalición de voluntarios» creada ex profeso.
En cualquier caso, la ex primera ministra estonia ha advertido de que la zona «queda fuera de los territorios de la OTAN», por mucho que en Bruselas el sentir general pase por asumir que, a mayor escalada en Oriente Medio, mayores serán también los potenciales réditos económicos y políticos que pueda sacar Rusia. Moscú ya logró la semana pasada un alivio parcial de las sanciones al crudo por cortesía de Trump.

Grecia, país que encabeza la misión Aspides en la actualidad, también ha descartado este lunes por boca de un portavoz del Gobierno que tenga previsto sumarse a un futuro despliegue en Ormuz.

China llama a la calma en la zona
China tiene importantes intereses en la zona, pero tal como hiciese en otros conflictos, como por ejemplo el de Ucrania, prefiere no implicarse, ni siquiera de palabra, a la espera de una próxima visita oficial del presidente de Estados Unidos. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, ha evitado responder de manera frontal a las interpelaciones públicas de Trump a Pekín y se agarra a una plantilla que pasa por pedir el cese inmediato de las acciones militares y apelar a la estabilidad regional, según recogen medios oficiales.
Por su parte, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, ha esgrimido ante el Parlamento que su Gobierno sopesa las «respuestas necesarias» al actual contexto, pero su Gobierno ya ha dejado claro que no se sumará a ninguna misión, en línea con la vecina Corea del Sur, partidaria de analizar «cuidadosamente» cualquier potencial implicación. Un portavoz de la Presidencia de Corea del Sur, Lee Kyu Yeon, ha advertido de que la respuesta final sólo llegará «tras suficientes discusiones» con la parte estadounidense y «con un tiempo adecuado para la deliberación».

Australia, otro de los países aludidos por Trump, sí ha descartado de manera directa el envío de buques militares al estrecho de Ormuz. «Sabemos lo importante que es, pero no es algo que nos hayan pedido ni a lo que vayamos a contribuir», ha argumentado la ministra de Transporte, Catherine King.

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