*EL ESPEJO DE CERVANTES EN LA POLÍTICA 500 AÑOS DESPUÉS.
*DONATIVOS AFUERA, CARENCIAS ADENTRO.
*POBREZA, CIFRAS Y REALIDADES, JUEGO POLÍTICO DE LOS NÚMEROS.
*LA FUERZA INVISIBLE DE LA MAYORÍA.
Columna Política «Bajo la Lupa», Por Armando Saavedra (11-II-2026).- En tiempos donde la política se desborda en cifras, encuestas y discursos repetidos, resulta tentador caer en la inmediatez del análisis técnico. Sin embargo, hay momentos en que las palabras de los clásicos iluminan con más fuerza que cualquier estadística. Cervantes, con su pluma de hace cinco siglos, supo retratar la esencia de los engaños, las falsas promesas y la manipulación del pueblo con una claridad que sigue vigente.

Por ello, en lugar de iniciar esta entrega con un desglose de coyunturas, decidimos abrir con una reflexión cervantina: porque a veces la literatura desnuda la verdad con mayor crudeza que los informes oficiales, y porque el eco de Don Quijote y Sancho nos recuerda que las trampas del poder no son nuevas, sólo se han modernizado. Esta mirada atemporal nos permite comprender que lo que hoy vivimos no es sino una variación del mismo teatro, donde los actores cambian, pero la obra se repite.
“Amado Sancho: con gran pesadumbre veo cómo los palaçios se hallan ocupados de gañanes, e las choças de varones sabios. Nunca fui yo defensor de reyes ni coronas, más peores son aquellos que al vulgo engañan con ardides e embustes, prometiendo dádivas que saben bien jamás otorgaránse.
Tierra es ésta, buen Sancho, do derríbanse coronas e álçanse sobre los tronos gentes de rapiña, creyendo el pueblo llano que el oro del monarca será repartido en justicia, sin entender que los corsarios tan sólo se reparten entre sí los despojos.”
Miguel de Cervantes.
Querido Sancho: cinco siglos han pasado y aún veo con tristeza que los palacios siguen ocupados por quienes carecen de virtud, mientras los sabios y justos habitan en la sombra del olvido. No son ya los Reyes quienes gobiernan, sino mercaderes de palabras que disfrazan promesas con discursos vacíos, sabiendo de antemano que jamás cumplirán lo que declaran.
Hoy, los pueblos se ilusionan con espejismos digitales, creyendo que la justicia y la prosperidad llegarán con un clic, sin advertir que los nuevos piratas no navegan mares, sino redes invisibles donde comercian con la esperanza y la verdad. Se destronan instituciones y se coronan farsantes, pensando que el oro será compartido, cuando en realidad sólo circula entre los mismos círculos de poder.
Amado Sancho, la mentira se ha perfeccionado: ya no se pronuncia en plazas, sino que se multiplica en pantallas; ya no se oculta en pergaminos, sino que se viraliza en mensajes instantáneos. El pueblo, cansado de esperar justicia, se aferra a cualquier voz que prometa cambio, aunque esa voz sea la de un pirata moderno que reparte migajas mientras acumula tesoros.
Así, la historia se repite: los sabios callan, los justos son ignorados, y los gañanes gobiernan con trucos y artificios. Pero recuerda, Sancho, que la verdad, aunque tarde, siempre encuentra camino, y que ningún disfraz puede ocultar eternamente la desnudez de la mentira.
DONATIVOS AFUERA, CARENCIAS ADENTRO
Mientras en Michoacán se desató una polémica porque el gobierno estatal decidió no renovar el convenio con la Fundación Teletón para transferirle 20 millones de pesos, a nivel federal pasa casi inadvertido que se destinan cientos de millones de pesos a proyectos “humanitarios” en Cuba.
El caso más reciente es la impresión de más de 7 millones de libros de texto, con un costo superior a 189 millones de pesos, enviados al sistema educativo cubano. Estos materiales se suman a los 15 millones de ejemplares despachados durante la administración anterior, lo que eleva el total a 22 millones de libros y un gasto acumulado de más de 576 millones de pesos.
La pregunta es inevitable: ¿por qué se privilegia la ayuda internacional cuando en México persisten enormes carencias en salud, educación e infraestructura básica? Los recursos destinados a los libros para Cuba equivalen al 74% del presupuesto del Programa Nacional de Inglés 2026, y superan lo asignado a políticas públicas internas como la estrategia anticorrupción o el fomento al cine nacional.
A ello se agregan los cargamentos de petróleo y combustible subsidiado enviados a la isla, cuyo valor ronda los 4 mil millones de dólares, además de la contratación de médicos cubanos con costos elevados y cuestionada calidad.
El contraste es brutal: mientras millones de mexicanos carecen de acceso a servicios de salud, padecen escuelas sin mantenimiento y enfrentan desastres naturales sin apoyo suficiente, el gobierno destina recursos a sostener un régimen extranjero. Se habla de solidaridad y cooperación, pero en los hechos se descuida la responsabilidad primaria: atender primero las necesidades de los ciudadanos mexicanos.
La crítica no es a la cooperación internacional en sí, sino a la incongruencia de un Estado que se muestra generoso afuera mientras mantiene deudas sociales adentro.
En esta columna, subrayamos que la verdadera “ayuda humanitaria” comienza en casa. Antes de enviar libros, petróleo o médicos a otros países, México tendría que garantizar que sus propios niños tengan acceso a educación de calidad, que sus hospitales cuenten con medicamentos y que sus comunidades dispongan de agua, luz y seguridad.
Lo contrario es un despropósito que convierte la política exterior en propaganda ideológica, mientras la pobreza y la desigualdad siguen marcando la vida de millones de mexicanos.
POBREZA, CIFRAS Y REALIDADES, JUEGO POLÍTICO DE LOS NÚMEROS.
La disputa política por quién presume haber reducido más la pobreza en México se ha convertido en un espectáculo de números que se intercambian como trofeos partidistas, cuando en realidad detrás de esos millones hay vidas que siguen enfrentando carencias estructurales. La pobreza en nuestro país no es un fenómeno aislado ni voluntario, sino un entramado histórico y generacional que limita la movilidad social y perpetúa desigualdades.
En 2025 los programas de bienestar recibieron un presupuesto sin precedentes de 850 mil millones de pesos, más del doble respecto a años anteriores, lo que permitió elevar los ingresos de más de 30 millones de personas. Sin embargo, la pregunta inevitable es cuánto tiempo puede sostenerse este esquema sin comprometer recursos esenciales para infraestructura en salud y educación, pues la sostenibilidad financiera es el talón de Aquiles de esta estrategia.
A la par, el aumento del salario mínimo ha sido uno de los factores más influyentes en la mejora de ingresos familiares, duplicándose por encima de la inflación y acompañado de reformas laborales como la reducción del outsourcing. Este avance merece reconocimiento, pero debe analizarse con perspectiva: alrededor del 40% de la población ocupada, unos 23 millones de personas, siguen percibiendo únicamente un salario mínimo, lo que evidencia que la base laboral continúa atrapada en ingresos bajos.
Además, México se mantiene entre los países de la OCDE con mayor proporción de empleo informal, un reto que no ha sido atendido de manera efectiva. Mientras se celebran los avances en ingresos, la inversión pública en servicios básicos ha disminuido y las consecuencias son visibles: colonias devastadas por inundaciones, infraestructura deteriorada y familias sin acceso a salud.
El dato más alarmante es que 24.4 millones de personas perdieron acceso a servicios de salud entre 2018 y 2022, lo que refleja un retroceso en derechos fundamentales y una vulnerabilidad que trasciende cualquier cifra de reducción de pobreza.
La narrativa oficial sobre los 13 millones que dejaron la pobreza debe leerse con cautela, porque sin educación, salud, vivienda digna y servicios básicos esa salida es frágil y reversible. El contraste entre los incrementos salariales y la persistencia de millones atrapados en el mínimo revela que la pobreza no se combate solo con transferencias o ajustes laborales, sino con una estrategia integral que atienda las carencias estructurales y que deje de convertir las cifras en propaganda política.
LA FUERZA INVISIBLE DE LA MAYORÍA.
En la vida cotidiana solemos dar por sentado que nuestros sentidos y juicios son autónomos, pero basta con que un grupo insista en una versión para que muchos terminen aceptándola como cierta. No se trata de ingenuidad, sino de la presión silenciosa que ejerce la comunidad sobre el individuo. La necesidad de pertenecer, de evitar el aislamiento, empuja a las personas a repetir lo que escuchan, incluso cuando contradice lo que ven o piensan.
La historia ofrece ejemplos contundentes: sociedades enteras han abrazado narrativas oficiales que, repetidas sin descanso, se transformaron en verdades incuestionables. Aquí aparece un concepto clave: una mentira repetida miles de veces termina adquiriendo la apariencia de verdad.
La repetición no solo desgasta la resistencia crítica, también instala la idea en la memoria colectiva, hasta que lo falso se vuelve familiar y lo familiar se confunde con lo verdadero. La propaganda, cuando se instala en la rutina, logra que lo improbable se vuelva evidente y que lo falso se perciba como indiscutible.
Filósofos como Nietzsche distinguieron entre quienes se guían por su propio criterio y quienes se pliegan al deseo ajeno. Los primeros desafían la corriente, los segundos se dejan arrastrar por ella. Kant, por su parte, lamentaba que el ser humano pareciera incapaz de vivir sin someterse a una autoridad. Esa tensión entre autonomía y obediencia sigue vigente: la mayoría dicta, y el individuo duda.
La lección es clara: la presión social y la repetición sistemática pueden moldear percepciones, incluso las más básicas. Reconocerlo es el primer paso para resistir la inercia de la multitud y recuperar la capacidad de pensar por cuenta propia. ¿Usted de cuáles es?
Se dice en algunos corrillos políticos: ROCÍO BÁRCENA MOLINA arbitraría la selección del candidato de Morena a la Gubernatura de Michoacán. Mayo o junio, la nominación. ¿Será?
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