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¿Reclamo Sindical o Ensayo Proselitista? (Columna Política «)

*CONSTRUYENDO JUSTICIA… ¿O CONSTRUYENDO PODER?
* JUSTICIA: ¿PRINCIPIOS FILOSÓFICOS O MODA DEMOCRÁTICA?
*¿RECLAMO SINDICAL O ENSAYO PROSELITISTA?
*MISCELÁNEA POLÍTICA.
Columna Política «Bajo la Lupa», Por Armando Saavedra (19-I-2026).- El pasado sábado, “por unanimidad”, se dio en Michoacán la fundación de la Asociación Civil Construyendo Justicia. Una organización que, en el papel, pretende aglutinar a juzgadores federales y estatales, pero que en los hechos mostró sus primeros “peros”: la gran mayoría de los asistentes que votaron la creación fueron jueces y magistrados del ámbito estatal.

Ya en la última entrega advertimos las incipientes fisuras al interior del Poder Judicial del Estado, y esta asamblea las volvió a evidenciar. Porque si bien hubo representación del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del gobernador del estado, brillaron por su ausencia los colegios y barras de abogados —salvo la presencia solitaria del abogado Diego Romeo Chávez Hernández, del Foro de Profesionistas— y, más grave aún, no hubo representante del presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, magistrado Hugo Gama Coria.
En contraste, sí se hicieron presentes liderazgos gremiales como Fabio Meza Alfaro, dirigente del sindicato nacional de trabajadores de la Secretaría de Salubridad. Una mezcla curiosa: jueces estatales, representantes políticos y líderes sindicales, pero sin la voz institucional del máximo tribunal local ni de los gremios jurídicos.
De ahí que la lectura no pueda ser ingenua: más que un espacio ciudadano, esta asociación parece perfilarse como un instrumento político, con objetivos que podrían ir más allá de la “humanización” de la justicia y apuntar a disputar el control del Poder Judicial a quien, por disposición constitucional, debe tenerlo.
JUSTICIA: ¿PRINCIPIOS FILOSÓFICOS O MODA DEMOCRÁTICA?
La filosofía del derecho nos recuerda que la imparcialidad del juzgador es condición sine qua non de la justicia. El juez no está para agradar al público ni para medir aplausos, sino para aplicar la norma con rigor, aunque el resultado sea impopular. La justicia, en su sentido clásico, se funda en principios universales: igualdad ante la ley, racionalidad en la sentencia, respeto a los derechos humanos.
Frente a ello, surge la narrativa contemporánea de “acercar la justicia a la gente” y de “democratizar el Poder Judicial”. El riesgo es evidente: si el juez se convierte en representante de mayorías, su imparcialidad se erosiona. La justicia no es plebiscitaria. No se vota en la plaza pública ni se mide por trending topics.
El apotegma sigue vigente: “No siempre lo justo es legal y tampoco lo legal siempre es justo.” Pero esa tensión no se resuelve con discursos de apertura o con asociaciones civiles que buscan “humanizar” la justicia. Se resuelve con jueces que, sin perder sensibilidad social, mantienen la distancia crítica que exige su función.
La democracia pondera voluntades; la justicia pondera razones. Confundir ambas es abrir la puerta a la simulación: tribunales que se disfrazan de foros ciudadanos, sentencias que buscan simpatía más que verdad jurídica. La justicia no puede ser rehén de la moda democrática, porque su legitimidad no proviene del aplauso, sino de la imparcialidad.
¿RECLAMO SINDICAL O ENSAYO PROSELITISTA?
Los sindicatos universitarios, SPUM, SUEUM y STUMICH, brillan por su ausencia. Si las cláusulas de seguro de vida y “gastos de marcha” están en los contratos colectivos, ¿por qué no encabezan ellos la exigencia? El vacío sindical abre la sospecha: desinterés, complicidad o cálculo político. Los adeudos datan de 2018 y la protesta arranca hasta 2025. Ocho años de silencio no se explican sin un trasfondo: ¿por qué ahora, justo en vísperas de sucesión en la rectoría?
Un grupo poco conocido, el llamado “Comité Legado de Vindicación”, sin representatividad gremial, es el que promueve las marchas según familiares de trabajadores. Su presencia es mínima, pero su discurso se radicaliza con groserías, violencia de género y lenguaje de callejón. De la reivindicación legítima al espectáculo vulgar. Medios que no suelen cubrir gratis ahora amplifican la protesta en redes.
La marcha del viernes fue apenas un contingente reducido, pero la difusión ha sido desproporcionada. ¿Ensayo de campaña? ¿Prueba de músculo para la sucesión universitaria? En casos concretos, como el de Seguros Inbursa, sí se han pagado las pólizas tras cumplir requisitos. Entonces, ¿el reclamo es contra la universidad, contra las aseguradoras o contra el tiempo político? Voces sindicales ya adelantan que en la revisión salarial de 2026 aprovecharán para exigir el pago de “gastos de marcha” y “seguro de vida”. Sin embargo, hay que aclarar: el emplazamiento a huelga por revisión contractual y salarial no cubre prestaciones impagadas. Para reclamar esos adeudos, el procedimiento correcto sería un emplazamiento por violaciones contractuales.
En otras palabras, si los sindicatos quieren usar el impago como bandera de huelga, tendrían que abrir un expediente distinto, con fundamento en las violaciones al contrato colectivo. De lo contrario, el discurso de “huelga por prestaciones” se queda en un espejismo jurídico, útil para la narrativa política pero débil en términos legales.
A ello se suma que el viernes por la noche y el sábado aparecieron cartulinas pegadas en edificios universitarios con expresiones ofensivas dirigidas a la rectora. Nadie se hace responsable de su publicación, pero lo cierto es que ese tipo de mensajes degeneran el debate y deslegitiman la lucha por el pago de prestaciones. Lo que pudo ser una reivindicación legítima se convierte en un pleito de callejón, marcado por la ausencia de ética y respeto.
Lo que pudo ser una lucha legítima por derechos laborales se ha convertido en un escenario de simulación: sindicatos ausentes, comité improvisado, lenguaje vulgar y cobertura mediática sobredimensionada. Más que defensa de prestaciones, parece ensayo de proselitismo universitario.
Y cuando se invoca el fantasma de la huelga, la precisión jurídica desnuda la farsa: una cosa es la revisión salarial de 2026 y otra muy distinta es el adeudo de prestaciones desde 2018. Confundirlas es convertir un reclamo legítimo en un recurso de propaganda. Y si además se recurre a cartulinas con insultos, la causa se degrada sola: de la dignidad laboral al espectáculo vulgar.
MISCELÁNEA POLÍTICA
NOROÑA Y LA GUERRA SIN PERMISO. El senador GERARDO FERNÁNDEZ NOROÑA volvió a prender la mecha con su anuncio de que, ante una eventual invasión extranjera, los mexicanos seríamos “reservistas” obligados a defender la soberanía, sin pedirnos permiso. El morenista, fiel a su estilo beligerante, aseguró que ya está listo para “poner el pecho a las balas del invasor”.
El discurso, lanzado en medio de las tensiones con el gobierno de Donald Trump, busca colocar la defensa nacional como prioridad absoluta, por encima de cualquier consideración personal. Pero la idea de una movilización forzosa en tiempos de paz desató críticas: ¿dónde quedan los límites del deber cívico?
La ironía es inevitable: si la 4T presume 30 millones de votantes, pues fácil, que los enlisten en su ejército. El problema con Estados Unidos no es que falten reservistas, sino que sobran socios delincuenciales a los que no han querido combatir.
ZOÉ Y EL MILAGRO DEL 97%.- El director del IMSS, ZOÉ ROBLEDO, vino a Morelia a presumir que el abasto de medicamentos en Michoacán está “arriba del 97%”. Según él, las 300 clínicas del Seguro Social tienen casi todo lo necesario para atender a la población. El gobernador, de paso, anunció que el nuevo hospital de Villas del Pedregal será más grande que el de Charo.
El contraste lo puso el titular de la Secretaría de Salud estatal, ELÍAS IBARRA, quien reconoció que en las 360 unidades médicas de la SSM el abasto apenas ronda entre el 80 y el 85%.
Pero la realidad es otra: basta acudir a cualquier clínica del IMSS en Michoacán para comprobar que los derechohabientes rara vez reciben sus recetas completas. La atención médica sigue siendo un cáncer: cirugías programadas a meses, trámites interminables y un sistema que no logra resolver lo básico.
Y si así están las cosas ahora, ¿qué pasará cuando se decrete el sistema universal de salud, que permitirá a cualquier ciudadano acudir a la institución más cercana —IMSS, ISSSTE o IMSS Bienestar—? Hoy el IMSS atiende a más de 48 millones de derechohabientes y el ISSSTE a 14 millones.
Con el decreto, entre ambas instituciones tendrían que absorber a otros 68 millones de mexicanos. La pregunta es inevitable: ¿podrán dar el servicio? Lo seguro es que los actuales derechohabientes del IMSS y del ISSSTE saldrán perdiendo en calidad de atención.
PAROS POR FALTA DE PAGO EN EL SECTOR SALUD. La crisis en el sector salud de Michoacán se agudiza: médicos residentes del Hospital Civil de Morelia iniciaron paro por falta de pago, igual pasa en el hospital infantil con los residentes pediátricos, mientras en el IMSS de Coahuayana el personal se declaró en “brazos caídos” por las mismas razones. A ello se suman protestas en otras clínicas y hospitales, donde trabajadores denuncian quincenas incumplidas y salarios retenidos.
El discurso oficial presume abasto de medicamentos y nuevos hospitales, pero la realidad es que sin sueldos no hay médicos que atiendan. El colapso es evidente: paros, suspensiones y un sistema que se tambalea. La pregunta es simple: ¿cómo sostener un sistema universal de salud si ni siquiera se garantiza el pago puntual a quienes hoy sostienen la atención médica?
EL VERDE SE VENDE CARO. El diputado ERNESTO “EL MOCHES” NÚÑEZ AGUILAR decidió pintarse solo y romper con RAÚL MORÓN, después de haberle patentado su apoyo rumbo a la candidatura de Morena al gobierno de Michoacán. El argumento oficial: que el Verde “no se sintió valorado”. La traducción política: el negocio no cuajó.
Porque en la política mercenaria de “EL MOCHES”, nada es gratis. Si el apoyo se retira, es porque algún moche prometido de corto plazo no se cumplió… o porque desde Casa de Gobierno, alguien le jaló las orejas y le recordó que el Verde también sabe negociar con otros colores.
El discurso de NÚÑEZ presume estructura, alcaldías y votos propios, pero en realidad lo que exhibe es la lógica del mercado electoral: hoy te apoyo, mañana te cobro, y si no pagas, me voy. MORÓN pierde un aliado que nunca fue desinteresado, y el Verde se reposiciona como partido bisagra, dispuesto a vender caro su respaldo en 2027.
En resumen: más que ecologista, el Verde en Michoacán se pinta de pragmatismo puro. Y “EL MOCHES” confirma que en política, la lealtad dura lo que dura el contrato

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