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Música de viento (Columna Política «La Feria», Sr. López)

Columna Política «La Feria», Sr. López (24-VI-19).- Antes, en tiempos del pricámbrico clásico (de los años 30’s a los 50’s del siglo pasado), los matrimonios no se divorciaban, se separaban. La separación de tía Rita y tío Toño, después de 17 años de matrimonio, extrañó a toda la familia (lado paterno-autleco, de los jalisquillos, pues), porque parecían una pareja bien avenida. La versión de tía Rita era que le había servido en el desayuno unos huevos rancheros con la yema cocida y él, hecho un energúmeno, aventó el plato a la pared… y la dejó. La versión de él era la misma, con un agregado: durante 17 años, diario, le pidió que por favor no cocieran la yema de los huevos… hasta que efectivamente, aventó el plato a la pared y la dejó. Ciertos huevos colman la paciencia a cualquiera. Jamás se reconciliaron. Por los huevos, lástima.

El viernes pasado, en su conferencia de prensa mañanera, nuestro Presidente explicó: “La inflación es nociva. No exagero, pero el predominio y las arbitrariedades terribles de Hitler ocurrieron a partir de que en el Gobierno anterior había una inflación descontrolada. En esto vamos bien” (agencia EFE; Milenio Diario; El Heraldo, etc… a uno no le crea nada).

Bueno, aparte de que el control de la inflación (el alza de precios), como objetivo primario del manejo de la economía de los países, es un síndrome típico de capitalistas en todas sus presentaciones (neoliberalismo, libre mercado, economía de mercado), pareciera conveniente recordar que la moderación o ausencia de inflación no solo se consigue con un prudente control de la emisión de dinero y la tasa de interés que paga el gobierno, sino que a veces no suben los precios por baja de consumo, porque hay depresión económica (falta de demanda), o en casos graves, recesión económica. Nuestro actual gobierno ha ejercido el 39% del presupuesto programado de enero a estas fechas: en lugar de haber ya gastado un billón 800 mil millones de pesos (1’’800,000’000,000.00), ha ejercido escuálidos 700 mil (según Ignacio Martínez Cortés, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la UNAM).

Aparte de eso, Hitler llegó a Canciller del Estado (el 30 de enero de 1933), coludido con los cercanos al viejo presidente Hindenburg, quienes lo engañaron; luego se hizo Dictador con apariencia de legalidad, al obtener la aprobación del Parlamento alemán de la Ley Habilitante (del 23 de marzo de 1933), haciendo pactos con los que se quisieron doblar (necesitaba el 75% de votos del Parlamento y solo tenía el 44%), y encarcelando a los que no se doblaron (comunistas y socialdemócratas). A la mala, pues.

Y, por cierto, cuando Hitler consiguió el ascenso al poder la situación económica que privaba en Alemana era exactamente lo opuesto a la afirmación presidencial del viernes pasado, fue en plena Gran Depresión.

Sí hubo hiperinflación durante la llamada República de Weimar, al término de la Primera Guerra Mundial, pero cuando Hitler andaba en su lucha por treparse, la economía de Alemania se encontraba en una grave recesión, aderezada con enorme desempleo y quiebra de bancos. Lejísimos de la realidad que Hitler llegó al poder por la gran inflación. Eso fue antes, mucho antes, cuando Hitler perdía y perdía elecciones (no son ganas de moler, es historia).

La terrible depresión existente, el inmenso desempleo y miseria que campeaban en Alemania, fueron el caldo de cultivo en que prosperó el nazismo. Hitler olió la oportunidad y declaró: “Nunca en mi vida he estado más dispuesto e interiormente presto a la lucha que en estos días. Porque la dura realidad ha abierto los ojos de millones de alemanes a las estafas, mentiras y traiciones sin precedentes de los  engañadores del pueblo” (Shirer, William Lawrence (1960). “The rise and fall of the Third Reich; a history of Nazi Germany”, o sea: ‘El ascenso y la caída del Tercer Reich, una historia de la Alemania Nazi’; página 136; está editado solo en inglés).

Y también, después de su fallido intento de golpe de Estado, para obtener el poder ordenó a los integrantes de su partido prescindir de los balazos: “(debemos) entrar al Parlamento como oposición a los diputados católicos y marxistas. Si superarlos en votos lleva más tiempo que superarlos en disparos, por lo menos el resultado será garantizado por su propia Constitución… tarde o temprano alcanzaremos la mayoría, y después de eso Alemania” (misma obra arribita citada, página 119).

Llama la atención el uso de la palabra “predominio” para referirse al régimen de Adolfo Hitler: llamar así su feroz dictadura es, por decir lo menos, una muestra extrema de caridad cristiana. Y referirse como “arbitrariedades”, a la violación masiva de los derechos ciudadanos en Alemania, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el horripilante  Holocausto, es pasado de ingenuo.

El régimen de Hitler fue una dictadurísima: todo el aparato de gobierno de Alemania, recibía órdenes de Fito (que se autodesignó “Führer und Reichskanzler”, Líder y Canciller Imperial); desapareció al Parlamento y él personalmente legislaba emitiendo toda clase de disposiciones aparentemente legales por devenir de la Ley Habilitante, que en realidad fue un gigantesco fraude a la ley constitucional de Alemania.

Para tener una ligera idea del calibre del régimen de Fito Hitler, la Ley Habilitante (de seis artículos), que consiguió trampeando al Parlamento y encarcelando opositores, le permitió anular los artículos de la Constitución que le resultaban incómodos; suspender los derechos ciudadanos y el respeto a la propiedad privada; suprimir la libertad de prensa y expresión; hacer cateos sin mandato judicial en cualquier domicilio e intervenir en cualquier ‘gobierno regional’ (estatal), si lo consideraba ineficaz. Entre otras lindezas.

El primer círculo de nuestro Presidente tiene la obligación ética de asesorarlo bien, señalarle los errores en que incurra, e identificarle la información equivocada que le proporcionen sus secretarios. Eso es parte de la lealtad, lo demás es música de viento.

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