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CDMX, 20 de febrero de 2018.-   Palabras de Andrés Manuel López Obrador durante su toma de protesta como candidato a la Presidencia de la República por parte del Partido Encuentro Social.

Amigas, amigos del Partido Encuentro Social, delegados de las 32 entidades federativas, Hugo Erick Flores, presidente del Partido Encuentro Social, amigas, amigos todos.

Es momento para dar a conocer una propuesta que tiene como sustento el buscar cuando estemos en la Presidencia, pronto muy pronto, no solo el bienestar material, sino conseguir también el bienestar del alma.

Hay tres principios fundamentales que me inspiran: el conseguir la justicia, el que haya honestidad y que podamos los mexicanos reconciliarnos, mediante el amor, el amor como hemos sostenido es fundamental para lograr la regeneración de nuestro país.

La crisis actual se debe no solo a la falta de bienes materiales, sino también a la pérdida de valores, de ahí que sea indispensable auspiciar una nueva corriente de pensamiento para promover un paradigma moral, del amor a la familia, al prójimo a la naturaleza y a nuestra patria.

La descomposición social y los males que nos aquejan no solo deben contrarrestarse con desarrollo y bienestar, y como suele pensarse con medidas coercitivas, con el uso de la fuerza, las acciones materiales son importantes, pero no bastan, además deben de fortalecerse los sentimientos humanos.

Por eso, a partir de la gran reserva moral y cultural que todavía existe en las familias y en las comunidades del México profundo y apoyados en la inmensa bondad de nuestro pueblo, debemos emprender la tarea de exaltar y promover valores individuales y colectivos.

Es urgente revertir el actual predominio de individualismo por sobre los principios que alientan a hacer el bien en pro de los demás.

Sé que es un tema muy polémico, pero creo que si la regeneración moral no se pone en el centro de la discusión y del debate, no iremos al fondo del problema.

Debemos convencer de la necesidad de impulsar cambios éticos para transformar a México, solo así podremos hacer frente a la mancha negra del individualismo, la codicia y el odio que nos ha llevado a la degradación progresiva como sociedad y como nación.

Quienes piensan que este tema no corresponde a la política, olvidan que la meta última de la política es lograr el amor y hacer el bien, porque en ello radica la verdadera felicidad.

Desde el antiguo testamento hasta nuestros días, la justicia y la fraternidad  han tenido un lugar preponderante en el ejercicio de la ética social, en el nuevo testamento se señala que Jesús manifestó con sus palabras y sus obras su preferencia por los pobres y los niños, y para muchos “Cristo es amor”.

Y abro un paréntesis para aclarar que toco este tema, porque considero que no se contrapone con mi concepción de Estado laico, Jesús fue muy claro, fue el primero que expresó: a Dios lo que es  Dios y al César lo que es del César.

Pero también los preceptos de justicia y de bondad son concebidos y practicados desde la antigüedad, por no creyentes, ha habido en la historia de la humanidad hombres inclinados a la filosofía, y a la ciencia como Aristóteles, quien sostenía: la ciencia política emplea sus mejores esfuerzos en procurar que los ciudadanos posean cierto carácter, es decir, que sean buenos y que estén capacitados para los actos nobles.

En los tiempos más recientes y en nuestro continente se sabe de revolucionarios partidarios, no solo de la justicia, sino también de la bondad.

Eduardo Galeano, ya fallecido, un extraordinario escritor uruguayo, en su último libro: “Los hijos de los Días” hace mención a un hombre ejemplar, a un revolucionario a un Rafael Barrett, quien según Galeano, pasó más tiempo en la cárcel que en la casa y murió en el exilio y que solía repetir esta frase: “si el bien no existe hay que inventarlo”.

A esto me refiero cuando hablo de enaltecer valores y propagarlos, además, repito, ya los tenemos, no hay que importarlos en nuestras comunidades, en nuestras familias hay una gran reserva de valores culturales, morales y espirituales, hay que exaltarlos y ponerlos por delante.

Hay quien sostiene que hablar de fortalecer los valores espirituales es inmiscuirse en el terreno religioso, la respuesta sobre este asunto la da un gran escritor mexicano Alfonso Reyes, de manera magistral, porque escribió una Cartilla Moral.

Dice Alfonso Reyes que el bien no solo es obligatorio para el creyente, sino para todos los hombres en general, hombres y mujeres en general, el bien no solo se funda en una recompensa que el religioso espera recibir en el cielo, se funda también en razones que pertenece a este mundo.

En los pueblos de Oaxaca, por ejemplo, los miembros de las comunidades practican sus creencias religiosas y al mismo tiempo trabajan en obras públicas y encargos de gobierno sin recibir salario o sueldo, motivamos por el principio moral de que se debe de servir a los demás, se debe de servir a la comunidad, a la colectividad.

Luego entonces, el propósito es contribuir a la formación de mujeres y hombres buenos y felices, con la premisa de que solo siendo buenos podemos ser felices, el que tiene la conciencia tranquila duerme bien y vive contento.

Debemos de insistir en que hacer el bien es el principal de nuestros deberemos morales, el bien es una cuestión de amor y de respeto a lo que es bueno para todas y todos, además la felicidad no es lograr acumular riquezas, bienes materiales, la verdadera felicidad es estar bien con nosotros mismos, estar bien con nuestra conciencia y estar bien con el prójimo.

Ya termino, existe preceptos generales que son aceptados como fuentes de la felicidad humana, también Alfonso Reyes en su Cartilla Moral los aborda desde el más individual hasta el más general, desde más personal hasta el más impersonal.

Podemos imaginarnos, dice, como una serie de círculos concéntricos, comenzamos por el interior y vamos tocando otros círculos más amplios, según Reyes son seis preceptos básicos los que forman parte del Código del Bien.

En el primer círculo el respeto a nuestra persona en cuerpo y alma, el segundo circulo el respeto a la familia, luego el respeto a la sociedad humana en general, posteriormente el respeto a la sociedad en particular, el respeto a la patria, el respeto a la especie humana y el respeto a la naturaleza que nos rodea.

Mucho antes, Tolstói en su libro “Cuál es mi fe” sostenía que son cinco las condiciones para la felicidad terrenal, admitidas generalmente por todo el mundo: el poder gozar del cielo, del sol, del aire puro, de toda la naturaleza; el trabajo que nos gusta y hemos elegido libremente; la armonía familiar, la comunión libre y afectuosa con todos los hombres; la salud y la muerte sin enfermedad.

Por supuesto que hay otros preceptos que deben ser resaltados y difundidos en apego a la verdad, la honestidad, la justicia, la austeridad, la ternura, el cariño, la no violencia, la libertad, la dignidad, la igualdad, la fraternidad, y la verdadera legalidad.

También deben incluirse principios y derechos de nuestro tiempo, los derechos actuales, conseguidos o por conseguir como la no discriminación, la diversidad, el respeto a la diversidad, la pluralidad, el derecho a la libre manifestación de las ideas, en suma estos fundamentos deben tomarse en cuenta para poder hacer realidad una república amorosa y debemos tener un código del bien.

De ahí que hacemos el compromiso de convocar, con este propósito, a muchos ciudadanos, mujeres y hombres de buena voluntad para la elaboración de una Constitución moral, de un Código moral, así como existe una Constitución política, vamos entre todos a elaborar una Constitución moral.

Vamos a convocar para ello a un Constituyente en el que van a participar especialistas en esta materia, filósofos, psicólogos, sociólogos, antropólogos, así como todos aquellos que tengan algo que aportar al respeto, ancianos venerables de las comunidades indígenas, maestros, maestras, padres, madres de familia, jóvenes, escritores, poetas, mujeres, empresarios, defensores de la diversidad y de los derechos humanos, practicantes de las distintas religiones.

Diálogo ecuménico, diálogo interreligioso, diálogo de religiosos y no creyentes, diálogo para moralizar a México.

Una vez elaborado esta Constitución moral debemos de comprometernos a fomentarla con los valores, por todos los medios posibles, el propósito no solo es frenar la corrupción política y moral que nos está hundiendo como sociedad y como nación.

Sino establecer las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en el hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad.

Yo estoy muy contento y muy a gusto de estar con ustedes y de recibir el apoyo de los militantes y de los dirigentes del Partido Encuentro Social.

Me da muchísimo gusto estar con ustedes y voy a estar a la altura de las circunstancias, sé de mi responsabilidad histórica, no le voy a fallar al pueblo de México, quiero ser un buen presidente, no quiero pasar a la historia como un mal presidente, quiero seguir el ejemplo del mejor presidente que ha habido en la historia de nuestro país, un indígena zapoteco Benito Juárez García.

Quiero seguir el ejemplo del apóstol de la democracia Francisco I. Madero y quiero ser como un presidente que le tenía un profundo amor al pueblo, un presidente popular y patriota, el general Lázaro del Río.

¡Que viva el Partido Encuentro Social! ¡Que viva el diálogo! ¡Que viva el amor! ¡Que viva la reconciliación! ¡ Viva México! ¡ Viva México! ¡ Viva México!

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