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Columna Política “Repercusiones”, Por Samuel Maldonado Bautista (20-III-17).- El sábado anterior, 18 de marzo, se cumplió un aniversario más, ya no de la expropiación petrolera realizada por el General Lázaro Cárdenas,  sino del segundo año de la entrega que el desastroso gobierno de Peña Nieto le hizo al capital internacional asociado  con los vende patrias que han sentado sus reales en las últimas administraciones  del desgobierno de los Estados Unidos Mexicanos.

Paralela a la fecha indicada, un grupo de mexicanos, como ha sido costumbre  desde la desaparición física del inolvidable General y Gran Presidente de México, se reunieron en el Monumento a la Revolución a efecto de honrar su memoria y de reflexionar silenciosamente sobre la antinacional entrega que el gobierno realizó del sistema energético nacional incluidas la petroquímica, FF.CC. minas, etc. pilares fundamentales del desarrollo nacional.

En nuestra Capital dos actos hubo teniendo sólo como fondo teatral la expropiación petrolera, uno ante la enorme estatua del General, que destaca no solamente por lo que hizo durante toda su vida, sino por el diminutivo nivel  de funcionarios federales, estatales y municipales.

Lo que debiera ser de conmemoración se vuelve de luto para millones de mexicanos, por la traición cometida por el gobierno entreguista e ineficiente. En el discurso oficial se hace una defensa apologética de la reforma energética cuando en realidad ha sido una estupidez entregar las industrias más importantes al capital privado asociado con capitales internacionales sin patria alguna.

Con su rosario de mentiras o falacias, Peña Nieto indicó que  solamente “ había dos caminos a seguir, cito: “Producir cada vez menos petróleo y poner en riesgo el empleo de miles de trabajadores y (como siempre con sus trabalenguas) “las  finanzas públicas y la seguridad energética del país”.

Las principales noticias relacionadas con Enrique, desde su llegada a Los Pinos, lo caracterizan como un mentiroso recurrente, tanto en su vida de estudiante como en la de gobernante de su Estado y presidente del país. Resalta su ignorancia en materia de Geografía Nacional, asombran las acusaciones que pesan sobre de él por “piratearse” estudios ajenos y utilizarlos en su tesis profesional.

La disminución en las actividades de la todavía empresa estatal, deja de manifiesto su descuido y propensión para aliarse con las empresas petroleras internacionales a quienes les interesa no el crecimiento de Pemex, sino como transformarse en accionistas mayoritarios de esta empresa ya  reducida, para  empoderarse de la misma.

La ineficiencia presidencial, su ignorancia supina es comentada en todos los círculos sociales; ha hecho el ridículo en sus giras internacionales y como consecuencia de sus múltiples errores estamos ciertos que sus “asentimientos” verbales (Pemex como sinónimo de eficiencia operativa, solidez financiera e inobjetable transparencia Peña dixit) “son solo sueños guajiros alejados de toda realidad.

¿Cuántas son las refinerías que están operando muy por debajo de su capacidad?, ¿cuantos miles de trabajadores fueron liquidados durante la administración peñista?.

EPN se encuentra en su etapa terminal. Nadie le cree cuando afirma que: “hay una verdadera revolución (debiera decir involución) energética” “cuando hay 48 empresas nacionales e internacionales que participan en exploración y producción”. Su afirmación ¿será porque las estaciones de gasolina se están transfiriendo a manos de compañías extranjeras?.

En fin, y todavía faltan casi 18 meses para que se vaya con un índice reprobatorio mucho  mayor que el de Chente, quien al menos era simpático.

 

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